viernes, 30 de enero de 2009

Tengo más de treinta!!

Hoy una compañera de trabajo cumple 31 años, y le dije, los unos suenan menos dramáticos que los TA!, Treinta, cuarenta… y me dijo, son treinta lo mismo… treintaaa!.
Volví a casa pensando qué edad son los treinta?… Al llegar encontré un mail de un amigo que escribía “me di cuenta tarde de que cumplí treinta”… y el tema empezó a crecer solo, hasta ocuparme toda la cabeza, cualquiera que me conozca sabe cuán difícil es que deje de pensar y hacer dos o tres cosas al mismo tiempo, y que algo me ocupe "toda" la cabeza… eso también fue parte del análisis: Cuánto me habrán cambiado los años y no me di cuenta.

De pronto me reencontré con la que era a los cuatro, la desesperación de tener una hermana, que tengo, el aburrimiento reapareciendo a cada rato, como un monstruo que te pisa la cabeza, igual que ahora. Mi abuelo, Julio Iglesias cantando” Manuela” en el Torino, que para mí era un avión y en ese momento un avión era algo maravilloso y lejano, no era el trabajo de todos los días. Me vi jugando con mi papá en la playa y de pronto lucía un hermoso pullover que mi mamá me había tejido.
No pude hablarle, no quise molestarla. Cuánto de esa nena que creció conmigo, cuánto hay hoy en mí y dónde me habré olvidado esa forma tan inocente de mirar…
Fui a verme al espejo, era cierto lo que decía mi vieja, la cara me creció más que los dientes -por suerte-, y si no fuera por estos kilos de más que arrastro, diría que no llegué tan mal a los 32, me miré a fondo y pensé, debe haber algún líquido para generar brillo de inocencia en la mirada.. y si no lo hay, alguien debería inventarlo.
Yo hace veinte años lo hubiera inventado, como inventé un perfume en pasta mezclando talco, dentífrico, crema de manos y perfume importado de mi mamá, o una forma rápida de secar zapatos metiéndolos en el horno hasta que parecieran buñuelos…

Me reí, me di cuenta que me reía de mi misma, y seguro, eso es algo que aprendí con los años…
A la tarde volvía al trabajo y manejando por la ruta al atardecer, miraba el mar, de pronto me acordé de cuando me despedía del mar hasta la próxima vez, y una lágrima empezó a correr hasta convertirse en una chica, sentada a mi lado, en el auto, una yo adolescente.Ella también lloraba, pero por otras cosas, casi le digo que no llore tanto, pero me callé, quizás no hubiera crecido como crecí si no me hubiera auto regado tanto…

Le dije que todo iba a estar bien, y no me creyó, de antemano sabía que no me iba a creer, entonces hice un silencio que le molestó, como me molestaba en esa época no poder “leer” los pensamientos de los demás en los silencios.
Con la ventaja de saber qué estaba pasando, le dije que lo que piensan los demás de uno no es tan importante como lo que uno piensa de si mismo, me dijo que de esa forma nadie la iba a querer, respondí presurosa: nadie te quiere por la cantidad de cosas que hagas bien, ni por todas las reglas que seas capaz de cumplir, te quieren por lo que sos, nunca le vas a caer bien a todo el mundo, que te importe sólo lo que vos pensás y sentís, las respuestas ya están adentro tuyo…

Me miró con desconfianza, todavía le faltaban algunos años para llegar a creer eso.Vos sos tu eje, no pierdas eso. Al escucharlo me dijo egocéntrica y me resitó un sinfín de virtudes que debía uno tener para que los demás tuvieran buena opinión de uno. Le dije que quien te dice egoísta está diciendo “dejá de pensar en vos y pensá en mi… y entonces quién es el egoísta?”…
Se encolerizaba respondiendo y me llenó de nostalgia el fervor perdido.
Automáticamente pasó a hablarme de un montón de causas justas y humanitarias, y discutimos sobre cuán conformista soy al decir “el mundo no es un lugar justo, eso es como el viento o las mareas, podés conocerlo, no controlarlo”. Argumentaba que sí podía cambiar el mundo...
Mejor cambiaba de tema.
Le pregunté quién quería ser a futuro y sus sueños eran tan distintos de la que soy hoy que casi me vi tentada a explicarle por qué tal o cual cosa ya no tenía sentido. Sonaba tan segura y apasionada cuando hablaba…
Compartíamos los afectos, pero su mundo afectivo se limitaba a la familia y algún que otro amigo, quise explicarque que se aprende a perdonar, que no tiene demasiado sentido guardar rencores, pero me dijo que si me dejaba basurear era problema mío.
Iba a contarle algunas cosas, a sugerirle que fuera menos estricta que se perdonara más cosas, y que perdonara más, que aprendiera a reir, pero en ese momento era muy complicado, y para complicada ya alcanzábamos las dos.
Me habló de un chico, del corazón roto, le dije que todo pasa, y que algún día iba a poder hablar con ternura de esa persona, qué el nunca la olvidaría y que mucho después sería ella la que pondría fin a la relación, con la certeza de que no había amor, simplemente cariño, pero hablaba tan dolida de morir de amor, que me costó mucho explicarle que el amor no es una tormenta de verano refrescante y agobiante, impredecible y temeraria, sino más bien es como despertar un domingo cuando uno ya no tiene más sueño y escuchar una buena canción con un café en las manos, es un transcurrir feliz y natural, lleno de armonía y que no por ser armónico es menos intenso…
Insistía, confundía el amor con el apasionamiento y el deseo, que empezaba a experimentaren la piel y en ese estallido, morir de amor es tan real como vivir.

Y está bien que fuera así, está muy bien, después de todo no tiene ni veinte años, cuando conozca este amor maduro que supera el enamoramiento, que tiene un poco de romance y mucho de sabiduría, comprensión y respeto mutuo, lo sabrá valorar y para entonces la muerte será algo mucho, mucho más real.

Ansiaba independencia y libertad, me gustaba escucharla elaborando teorías que aún comparto, y otras que no.
Discutimos un rato, casi le digo que no se apure, que todo llega a su tiempo, que no despere, que aprender a esperar era una de sus tareas más arduas, pero no pude, sigo siendo la misma “hacedora”, la ansiedad es mi tema más difícil de manejar, la praxis sigue siendo más difícil que la teoría.
Enfatisé: Cometé todos los errores y algunos más también- y como decía mi amigo en su mail, casi me pongo a hablar como García Marquez," las cosas valen por lo que significan…" pero me acordé que en esa época odiaba las frases hechas, y que solo creía en las frases que yo misma acuñaba, en mi mundo lleno de certezas.
Entonces pensé en vos alta, te vas a romper el alma para seguir adelante, te vas a dar la cabeza contra la pared, y también contra el marco y la puerta, no hay negros y blancos, hay miles de matices de gris, como el caleidoscopio, girá un poco para cambiar el ángulo y vas a ver las cosas de otra manera, duele, pero cada golpe vale la pena.

Su cara se desencajó… Y me dijo, qué harías y qué no, si tuvieras mi edad… Parece fácil, y sin embargo no sabía qué decir.
Cómo sintetizar algo, si todo lo que soy tiene el peso de los años idos…
Me quedé en silencio otra vez, y floreció su verborragia…
La escuchaba, me escuchaba, con esas frases tan extremistas y dramáticas con las que ya no me sentía identificada y con la vocación de vivir a pleno escondida en algunos sueños que todavía tengo pese a no reclamármelos todo el tiempo...
Algo me decía que yo era el producto de aquella vorágine.Me pidió que le hablara con el corazón, que le confirmra que ya nunca volvería a ser feliz, solté una carcajada, y me miró furiosa, entonces pasé por mi mente miles de momentos felices que harían volar a cualquier Wendy y le dije que tenía razón, que estaba en su derecho de ser desdichada, pero que no se olvidara que tenía en las manos las llaves de la vida, que es cierto que hay gente que nunca va a querete, porque te ama quien además de la simpatía te valora y te respeta, pero que el respeto no es lo mismo para todos y que no todos queremos de la misma manera.
Soy tan distinta de los sueños y anhelos de esa chica, que no podía dejar de sonreír al mirarla, “el camino es bastante más alambicado de lo que te imaginás, pero vos podés.
Europa no es la meca, ni el derecho es tu némesis.
Sé más joven ahora que sos joven… jugá un poco más y lee menos los diarios, que para ser adulto tenés toda la vida”.
Me dijo que no estaba consejos tan idiotas, y que no le había respondido la pregunta. Qué harías vos en mi lugar, eh?, justo llegamos al trabajo, estacioné el auto, miré el reloj, respiré hondo y respondí: Sería mucho menos responsable…
Asombrada, no esperaba esa respuesta de un adulto, justamente ese era su punto fuerte con los adultos… entonces empecé a bajar del auto, me tomó del brazo y dijo:- quedáte, terminemos de hablar-,bajé la mirada: no puedo, no me gusta llegar tarde… me miró con desdén y se bajó del auto, marcando la contradicción, dio un portazo gritando que era una mediocre, una conformista y que mejor no me volviera a ver más, a ver si se convertía en una don Nadie como yo.
Se fue sin despedirse, quería decirle que no me deje sola, que venga conmigo, pero ella todavía no entiende la soledad como yo.

Se esfumó y me dejó pensando que todavía tengo un montón de cosas que puedo hacer, miles de sueños por cumplir, que como diría Virginia Slim, “has andado un largo camino muchacha”…

Me dejó pensando en todo lo que yo quería y esperaba para mis treinta y en todo este tiempo transcurrido, cuánto en mí hay de esa propaganda de vino pegada como forro en la carpeta de quinto año… “vivir apasionado” y cuántas similitudes entre esa imagen y el Guernica que miro hoy a diario con adoración.
Sigo viviendo apasionadamente con el aggiornamiento necesario de los tiempos.

Vivo en la ladera de un cerro de la desierta costa patagónica, en un barrio de diez cuadras, mi calle no tiene nombre de calle y el cartel que puse junto a la puerta es muy bonito, pero parece que desde la vereda no se lee, todo esto sería una buena escusa para que no me llegara la correspondencia, sin embargo me pasaba lo mismo cuando vivía en una gran cuidad.

Estoy condenada a enterarme tarde de todo y no me preocupa, en definitiva, es una condena menor.
La idea de los treinta tomó cuerpo en mí hoy, con 32 larguitos, se me vino a la cabeza de golpe, me colmó el cuerpo, la sangre, el alma, no como una agenda llena de puntos pendientes, sino, concretamente, con alegría por el camino andado y la tranquilidad de saber que no dejé de ser la persona que creció conmigo, con la necesaria paciencia y tranquila madurez que te dan los años.

No se lo dije, pero eso también es un logro.

Paula

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